Relatos urbanos: LLuvia Roja, Baño de Trolls
Yacían sentados en un escaño del bulevar, frente a la Gata coqueta. La pareja se perdía tierna en los besos de la noche, y el olor a tierra con café presionaba al alma a caer en la magia espacial.
Del rio Cali solo se escuchaban sollozos llantos que jugaban con el balanceo de los árboles. Obligandoles a caer en un profundo sueño natural, aquel en el que los pájaros prefieren callar en los alambrados, que cantar.
Los besos y caricias aceleraban el miocardio. Una pareja de
amantes. Un par de corazones nonos que jugaban a ser el uno para el otro bajo la misma luna.
Una noche despoblada con un cielo lleno de estrellas y nadie se paseaba por aquellos lares. Un viejo con pantalon de dril color pasto, y zapatos de charol que se acercaba de
forma pasiva,, interrumpía la escena furtiva, tenía un sombrero, presencia
espectral que entre más se acercaba más grande lucia.
-¿Ustedes que hacen aquí?
-¿Disculpe?
-¿Qué que hacen aquí? esto es peligroso a esta hora
-Mire Don, es mejor que siga su camino y no joda
-Aquí los que están jodiendo son otros, si supieran lo tontos que se
ven, par de novatos infieles
-¿Cómo dijo, viejo marica?
-Vea muchachitos, si ustedes no se van ahora mismo. Pues ellos vendrán por
ustedes
-¿Cómo así y es que nos va a mandar a alguien o qué?
-¡Yo!, no como se les ocurre. Yo no me ensucio las manos, los
legendarios vecinos que descansan bajo el asfaltohecho a base de huevo sobre el que ustedes
padecen yertos de picos y sonrisas, ellos si vendrán
por ustedes. Chao.
-¿Cómo así viejo chancludo? tonto ese. Tranquila amorcito que aquí no pasa nada.
Y el viejo se fue con los cocos encostalados sobre su espalda, mientras
el rio tarareaba el canto de la noche, y la pareja seguía en su juego de aparcerías inciertas. Bajo el puente, en
las orillas del rio Cali a media noche, se esconde el mito de los trolls. La poca
gente que quedaba en el sector ha desaparecido y ha decidido dejar de ser presa
viva de una leyenda tridimensional.
-Nena te acuerdas la primer vez que nos vimos.
-Creo que sí. Estabas con la tonta de tu esposa en el supermercado de
la quinta, comprando arroz.
-Ay sí, ¿pero si se acuerda de la cara que pusimos al vernos?
-La verdad, no me fije en nuestras caras, me importo más tu cabello y tu
trasero.
-¿Mi trasero porque mi puto trasero?, ¿acaso lo ibas a besar o qué?
-Ya lo hice. Es que para que mirar tu cara si eso no me importa.
-Bueno pero ahora si.
-Digamos que solo un poco
-Digamos que solo un poco
Después de una charla amena, la lluvia llego a la zona, y el cielo se fue
despejando con las estrellas.
La pareja se esconde bajo el cuero fino de una chaqueta y corren de la
lluvia para esconderse bajo el techito de una tienda barata, que antes era el
figonero perfecto para infieles.
Y mientras corren y se ocultan, una bruma de desesperación ocupa el
espacio. Los árboles se tambalean, los bichos se empiezan a
esconder debajo del puente. Y ellos, la pareja de tontos infieles se oculta de
la nada.
Aun sorprendidos por lo que el viejo les había dicho, intentan omitir la situación con chistes des humorados. Cuando llegaron al andén de la calle sobre la Avenida Colombia, un ejército de trolls les esperaba con herramientas mortuorias para degollar sus almas. Aquel día, la lluvia perdió su fama de incolora, y se vistió de rojo.
Aun sorprendidos por lo que el viejo les había dicho, intentan omitir la situación con chistes des humorados. Cuando llegaron al andén de la calle sobre la Avenida Colombia, un ejército de trolls les esperaba con herramientas mortuorias para degollar sus almas. Aquel día, la lluvia perdió su fama de incolora, y se vistió de rojo.


Comentarios
Publicar un comentario