Relatos urbanos: en la pipa de un viejo duende
El barrio el establo no difería mucho de los demás conglomerados residenciales de la sucursal del cielo. Un aire burgués adornado por fachadas solemnes y blancas, autos deportivos y perros con nombres difíciles de pronunciar. Abadesas perfectamente uniformadas, obligadas a ocultar de la vista su naturaleza colorida. Todo un orgullo de la sociedad de consumo. Llegaba yo como de costumbre dando tumbos contra el asfalto, extrañando a la bohemia y las piernas de la rubia de turno. Mi camisa extravió dos de sus botones y asomaba la lengua el bolsillo derecho del pantalón gris. El aire nocturno acariciaba mi cabello azabache y las incesantes ganas de vomitar mis fantasmas, pateaban las islas de sobriedad causadas por dos botellas de agua que bebí para evitar la resaca.
Había contraído matrimonio la muy desgraciada. El eco de su mirar aun atormentaba mis noches en vela, nunca sería suficiente el tiempo para borrar de mi atrofiada psiquis los reflejos de sus bailes carentes de ropa, de sus juegos de salón y su copa de Amaretto. Se subía a la luna con impaciencia ,desafiaba el equilibrio de la nada y rompía con desdén las capas terrestres, una a una...tal como rompió mi cordura.
Encontré a mi princesa hablando con el sol ya que de la luna había escapado, no era la luna más puta que ella porque a la dama de gris todos la deseaban y nadie la tocaba. A mi muñeca rota todos la tocaban y nadie la recordaba. Aun así, no había mayor éxtasis para mí que romper a lengüetazos los amargos recuerdos de su rímel corrido. Se me sale dando pedales un suspiro ahogado por mi falta de criterio. El hecho de que odie su ser no disminuye la hermosura con la que porta ese vestido de bodas ,porque de seguro aun lo porta ,porque de seguro aun fuma de esos cigarros largos medio vestida acariciando gatos en la ventana que da a la calle, porque de seguro la están penetrando con dulzura mientras yo desfallezco en el lodo de la destapada calle 49. El enquiridión de mi falta de razón carece ya de tinta, carece de encuadernado y está desbordado en penas engendradas por la promesa de un mejor futuro.
¿Que hace esta oveja fuera del rebaño?, ¿que hace perdida sobre ladrillos de alguna construcción a medias entre la trasversal de la 47?, ¿que hace arrastrándose con lujuria entre la maleza de la inconsciencia?.¿ que hace esta cabra lejos del pastor ?,¿que hace rumiando recuerdos de caricias lejanas?, arañando el espacio tiempo con la esperanza de abrir una brecha que se vea como sus ojos y sepa a “te quiero “. El cuerpo de un hombre joven yace en el andén el 46-17, aquella casa que linda con el establo, espacio por el cual el barrio recibía aquel atípico nombre. El proferir de silabas ebrias que traducidas exclamarían ”ME CAGO EN TUS MUERTOS” y llanto descontrolado, aseguraban que aun había vida en aquel hermoso ser que evocaba miseria y falta de amor.
--párate de ahí inmundo intento de hombre--exclamo una voz burda y ronca.
No era heteroglosía alguna la arremetida de aquella voz en mi mente. Tal vez no estaba en mi mente y mi desfachatez alcanzaba limites irrisorios, al punto de observar dos cervezas vacías sobre un muro de piedra. Dos cervezas y ningún ser consumiéndolas, dos cervezas y solo el viento para acariciar la errática contextura metálica. No fue sino hasta sentir el punta pie en la boca de el estómago que mi imaginación aterrizó y la realidad se impuso como de costumbre.
Me puse de pie en tres movimientos y encare con gallardía a mi agresor, después de despabilar noté con sorpresa que mi agresor no media más de un metro con diez centímetros, froté mis ojos para aminorar la ensoñación, pero ensoñación alguna salió de mi cuerpo, el pequeño hombre de ojos amarillos me observaba con odio y repugnancia.
--Inmundos humanos, siempre sumergidos en montones de mierda a causa de ilusiones con voz de mujer.-- Exclamó mientras escupía con ira.
La baja estatura no era la única peculiaridad de mi extraño acompañante: orejas en punta, dientes afilados y un ajado pantalón que dejaba al descubierto su pecho cubierto por una gris alfombra. Había exagerado con la bebida cierto era, pero ni sobrio tendría la imaginación suficiente como para crear una escena así. No lograba proferir palabra alguna debido a mi avanzada intoxicación, por lo tanto el encuentro se limitaba a ser un monólogo y no una conversación, la reciprocidad no es mas que cortesía para disfrazar la falta de interés, no me molestaba no poder responder. En la naturaleza se le llama mutualismo a la interacción benéfica, a mi interlocutor parecía no importarle el mutualismo así como no le importo golpear sin escrúpulo mis ya ajadas costillas.
-yo a las mujeres le cojo el culo y les hago trenzas y ¿qué hacen los novios?...rezar. Los muy imbéciles creen que alguna entidad celestial va evitar mis malos hábitos, a mí no me arregla nadie, árbol que nace torcido jamás se endereza y yo he visto torcerse unos mil en mi miserable vida.--exclamó el duende mientras pateaba piedras.
Su tono burlesco y voz ronca generaba familiaridad y aversión, sus apócrifas facciones quitaban la poca humanidad que lo burdo de su lenguaje le otorgaba.
--Levántese de ahí , tenga un poquito de dignidad. Esa morena le debe estar gritando al oído al pelmazo con plata mientras usted , como tierra. no, no me vaya a responder. Si yo quiero usted no me responde, Usted es ahora victima de mis deseos, las ventajas de haber nacido en esta forma maldita, es más si quiero lo hago tragarse toda el agua de ese charco .--dijo mientras me miraba con desprecio.
Como si sus palabras fueran ley natural mis entumidas piernas ganaron vida y logre erguir mi humillada humanidad. El pequeño ser me daba un poco más arriba de la rodilla pero aun así seguía siendo imponente, tal vez eran sus antinaturales facciones, o el descaro con el que caminaba hacia el muro y tomaba con sus agigantada manos el cadáver de una cerveza.
--Se llenan solas, las toco y las muy putas se llenan solas, así ocurre con todo lo que ustedes botan, lo toco y ya se arregla, deberían botarme una de esas viejas que lloran porque sus obesos y mafiosos maridos las engañan con la puta de moda, yo las veo bien rotas y aquí tengo una herramienta bien grande para arreglarlas.
El asinartetico discurso bailaba tangos con todo lo que una vez me enseñaron que era correcto, su forma de expresarse era sincera, burda pero sincera, como si su boca fuera incapaz de proferir mentira alguna. Ya me hallaba yo sentado en un muro de piedra con cerveza en mano cuando el pintoresco personaje lleno para mí la segunda lata vacía. El barman de ultratumba no paraba de mirarme, ya no con odio pero si con lastima, con curiosidad.
-no puedo creer que usted este así por una mujer...mire humano idiota, no han visto mis viejos ojos un amor que haya durado 10 años plagado de pasión, ni 5 libre de traición. Agradezca que la muy puta le allá abierto las piernas al dinero, ningún humano vale realmente, sin embargo usted es menos escoria que el resto, por algo puede verme ¿no?.
La cerveza se deslizaba por mi garganta cual ambrosia, su textura era suave y la lucidez parecía regresar a mi cuerpo con cada sorbo. Extraña y mística era aquella criatura, a pesar de su diferencia física parecía ser un reflejo claro de la decadencia social, un reflejo que parecía saber algo que todos los demás no, que pasaba sus días haciendo trenzas, lanzando rocas sobre los techos y bebiendo cerveza. Aquella libertad me causaba gran envidia, yo era un humano promedio con obligaciones promedio. Los deberes del día siguiente aniquilaban la mágica atmósfera que construía mi encuentro espectral. No me apetecía regresar a la solitaria morada que me veía obligado a llamar hogar.
--quédese otro rato, no es como si tuviera opción alguna, yo ordeno usted cumple. ya debe estar acostumbrado, así son los humanos desde chiquitos, obedientes y tontos. Solo que yo le doy la ilusión de libertad, para que no se sienta prisionero, así como sus jefes también lo hacen; ya me estoy aburriendo , con razón lo dejaron si siempre es así de soso . No, no, no. No vaya a hablar, esto es un monologo gran imbécil. Usted es muy aburrido, ya sé cómo matar esta desidia que me embarga .deje esa cerveza ahí. Y empiece a bailar.
Mis pies iniciaron a recitar una coreografía arcaica y mitológica, se movían con vida propia, hacían que mi cuerpo bailara con gracia. El duende disfrutaba la escena, tanto que se reía de manera compulsiva, escupiendo improperios y saliva. Yo bailaba, bailaba como nunca antes lo había hecho, al ritmo de las estrellas y el viento, con la flauta del duende, con el compás de los bosques. Empecé a disfrutarlo, en cuanto el duende se percato de ello, chasqueo sus dedos y caí de bruces.
--Yo llevo siendo el duende mas fuerte de Cali desde antes que su antepasado mas antiguo supiera respirar aire. En todos mis años atormentando incautos no me había topado con alguien que disfrutara mi danza. Unos lloran, patalean y gritan, a esos los hago ir a buscar troles. Pero usted me cae bien pelado, usted es distinto.
Sorprendido ante su espontanea falta de hostilidad, me esforcé por disimular el miedo. Cosas extrañas había visto yo en Cali. Putas respetadas y Gatos famosos. Pero no duendes, nunca duendes. Amanecí sobre aquel anden, los testigos afirman haberme visto dialogar con la nada. A mi no me importa el que dirán, nadie tiene la fortuna de ser amigo del mismísimo duende. Caminé por las calles del barrio hasta llegar a la sexta. Un poco nostálgico, con resaca existencial ante los recuerdos de un encuentro catártico entre el corazón de la naturaleza y el escaño mas miserable de la decadencia urbana. Revise mis bolsillos en busca de monedas para el cigarrillo de media mañana, no encontré dinero pero si un papel arrugado y algo húmedo. Era una nota, unas cuantas lineas escritas en un lenguaje perdido, por alguna razón lo entendí a la perfección. Leí en voz alta el único remanente de mi mágica noche.
Conjuro arbóreo
Leyendas líricas de rama tosca acarician las nubes de el gran valle,
Raíces volcánicas de corteza pétrea mojan los lindes del gran valle,
Danzas lunares, pisotones rítmicos escupen lirios y acacias sobre el gran valle,
Sinfonía cósmica proferida por mi, el príncipe duende del gran valle.
Deposité la hoja en mi bolsillo sonriendo, ese día no hubo cigarro mañanero, sin embargo sentía la fuerza suficiente para bailar hasta morir, esperar caracoles en en balcones añejos y fumarme el mundo en la pipa de un viejo duende.


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